viernes, 17 de octubre de 2014

Performance, Consulta y Diálogo

Con el debido respeto al “movimiento separatista” catalán y a sus representantes políticos, las últimas ocurrencias tras la fallida consulta del 9 de Noviembre, dibujan un panorama no solamente de ilegalidad sino de esperpento valleinclanesco, dada la acusada teatralidad.

El Tribunal Constitucional dictó la única resolución posible con arreglo a la Carta Magna, tal y como se preveía. Responder ahora con andanada tan pintoresca como inválida solo aporta confusión y muchos riesgos para una sociedad que reclama calma y diálogo.

Desafortunadamente, en pocas semanas, hemos asistido a una exhibición épica wagneriana con tintes mesiánicos a una “ópera bufa” de ribetes cómicos.

En el inevitable y fallido escenario, es absurdo esconder el fracaso en una teatralidad para alimentar un victimismo revanchista que agranda las distancias.

Pero lo peor es que esta huida a ninguna parte a costa de sentimientos, de ilusiones, de expectativas, castiga a un Partido ahora necesario: CIU. Un Partido que renuncia a sus señas de identidad, a su tradicional “seny” para acompañar de secundario a otra fuerza que lo devora electoralmente.

El pueblo catalán, gente sensata y exigente, no se conformará con “urnas de mentira” y votaciones sin censo. Por mucho adorno que lo envuelva y por mucho ruido que invada las calles, la consulta es ilegal, es inconstitucional y no puede celebrarse. Un sucedáneo por estético que sea, no reemplaza a una consulta.

Y superada esa jornada, será conveniente que catalanes, riojanos, asturianos, madrileños; españoles todos, recordemos tres aspectos de la trayectoria europea y española.

1- El nacionalismo es, por definición y por historia, insaciable. Ninguna reforma constitucional será suficiente para calmar sus pretensiones a largo plazo. Vale la pena recordar a Vargas Llosa en su novela “El sueño del celta”.

2- Ceder a presiones insolidarias, egoístas o rupturistas conduce a más ruptura, a mas egoísmo, Detrás de uno, vendrá el otro y otro y así destruiremos el país más viejo de Europa y así hasta que todos perdamos lo mucho que somos.

3- La Constitución Española recoge nuestra complicada historia contemporánea y la integra en un modelo territorial absolutamente genial y moderno. Con él hemos convivido todos en concordia y progreso. Con la Constitución celebramos el Estado más descentralizado de Europa y más que cualquier país federal.

Ante esta coyuntura, con gran acierto, el Presidente Rajoy aporta una visión de Estado indispensable: diálogo dentro de la Constitución. Postura sensata y práctica.

A veces convienen recordad, conviene mirar atrás para no recaer pero sobre todo conviene mantener la vista en un futuro que puede ser ilusionante o imposible.


Conrado Escobar.